Hay que disfrutar de la vida, exista Dios o no

No he podido resistirme a este post, por la expectación que creó el anterior sobre el Bus Ateo. No es muy original, sólo un copia y pega.

Hay que disfrutar de la vida, exista Dios o no. El problema es ¿qué entendemos por disfrutarla? Para muchos es una mezcla de bienestar material, hedonismo y sexualidad, y pasarlo bien. Para otros, esto no basta, es insuficiente y hay que buscar algo más. ¿El qué? Querer y ser querido, compartir y participar, contribuir a la justicia, la paz y la felicidad de los otros. La confrontación radical no es entre ateos y cristianos, sino entre los que ponen las metas de su vida en la mezcla de dinero y sexo que domina nuestras sociedades, y los que, del modo que sea, ponen el acento en las relaciones personales, y en la justicia y fraternidad que derivan de ella. Según lo que se entienda por felicidad, así nos clasificamos. Y esto no equivale a ateos contra cristianos, porque en ambos grupos hay gente con los dos códigos diferentes. Y desde la perspectiva cristiana, ni son todos los que están ni están todos los que son. El reino de Dios es más que la Iglesia y los criterios para determinar quién es cristiano no son las prácticas religiosas, sino la actitud ante los que tienen hambre, los enfermos, los que sufren, etc. (Mt 25,31-46).

Este texto está copiado literalmente de un artículo de Jesús Estrada, Jesuita. Lo he visto en Fe, Arte, Solidaridad… y Tú – Revista FAST.

El resto es igual de interersante.

“Probablemente Dios no existe”. Es una afirmación respetuosa, sin fanatismo ni radicalidad. Expresa el punto de vista de mucha gente, aunque no sea la mayoría. Está abierta al diálogo, porque lo probable (para mí), no es lo cierto y lo seguro. En una sociedad plural hay que evitar los maximalismos agresivos en favor de la convivencia plural de credos y religiones, de personas con visiones diferentes. En la religiosidad española hay mucha intransigencia y fundamentalismo, tanto entre los teístas como entre los ateos. Afirmar la propia postura implica agredir al que piensa diferente, que es el enemigo. “Probablemente Dios existe” se podría añadir, y algunos añadirían que están convencidos de ello. La creencia en Dios es compatible con dudas, preguntas e incertidumbres. El creyente sólo puede testimoniar su fe, dar razones del sentido de la vida que ha encontrado en Jesús. Desde ahí puede interpelar al ateo, nada más…

En una sociedad poscristiana, la de la muerte de Dios, es bueno que resurja el debate. Lo peor no es el ateísmo humanista, que protesta contra una religión opresora, sino la indiferencia a los valores humanos que pregona el Evangelio. En la historia del cristianismo, el gran enemigo no ha sido el ateísmo, sino la idolatría, es decir, absolutizar el dinero, el prestigio y el poder, y hacer de ellos el sentido de la vida. Y eso no incumbe sólo a los ateos, sino que han sido las tentaciones típicas de la Iglesia, de los eclesiásticos y de todos los cristianos. Contra esto también protestan los que afirman que probablemente Dios no existe.

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